“Podemos esperar al coche, pero ¿las medicinas?” Un nuevo dilema ante el Brexit

El uno de enero dará paso a grandes cambios, haya o no haya un acuerdo. Hace unos días, el presidente de ASTIC, Marcos Basante, lanzaba una seria advertencia, a falta de un acuerdo, los controles crearán colas de hasta mil kilómetros entre ambos bloques.
Frente a este pronóstico, la directora de la Cámara de Comercio Británica en España, Eva Prada, se hacía una cuestión. Según estimaciones, las nuevas medidas aduaneras supondrían, a parte del coste económico, un coste de eficiencia y rapidez. Hasta dos días podrían tardar las autoridades británicas y españolas en aprobar el acceso de las mercancías a cada uno de los países.
La distribución, con una fuerte presencia del sector automovilístico, alimentario y farmacéutico, tendría que enfrentarse a un nuevo calendario que, en el caso de la crisis sanitaria, hizo a Prada asegurar que, si bien podemos esperar a que llegue el coche, no podemos decir lo mismo de los productos perecederos o las medicinas, incluyendo las vacunas, tan importantes en el contexto actual.
Xavier Just, responsable de comercio internacional de KMPG afirmó que, sin bien en la actualidad no deben hacerse estos trámites, nos enfrentamos a un futuro donde el transporte de mercancías, tanto por barco como por carretera, “tendrá que preparar declaraciones de importación y exportación, documentación de transporte, documentación que acredite el valor de las mercancías o el origen de estas”.
¿Por qué a España debe preocuparle especialmente el Brexit?
Reino Unido es el primer acreedor de España, con una inversión acumulada de 57.000 millones de euros. El comercio bilateral reporta al país 60 mil millones de euros en beneficios, ya que el británico es el cuarto destino por volumen de mercancías que más producto recibe de España.